viernes, 21 de septiembre de 2012

Coma, coma, coma, punto.

Suelen decir que la vida pasa sin darnos cuenta, que todo es demasiado rápido. Por todos lados se oyen desengaños, ilusiones rotas, sueños sin cumplir... En cada lugar por el que pasamos se van apagando los deseos más anhelados de aquellos que nos rodean sin resaltar y, sin embargo, nada desaparece del todo. Alguien que creyó sobreponerse a sus jóvenes e ilusas esperanzas descubre que éstas no se desvanecieron, sólo fueron arrastradas por la rutina y la vida monótona a la que nos obligamos. Y cuando los días ya no se suceden unos tras otros con prisas y por fin se detienen a enseñarnos algo y a brillar por sí mismos es cuando descubrimos que la vida es corta, pero que no pasa sin darnos cuenta.

miércoles, 25 de abril de 2012

Que alguien encuentre respuesta

A veces me pregunto cómo se puede ser feliz. Vivimos en un mundo de injusticias y de pobreza descompensada. No se quiere ayudar, pero se pide a cambio. Todos giramos la cabeza ante los problemas del mundo y pegamos la oreja en las puertas tras las cuales se habla de problemas banales y cotilleos de familias ajenas.
Y sin embargo, podemos ser felices. Se puede. Y no le encuentro el sentido.

Limonero

Hace tiempo que pensaba en plantar un limonero en mi jardín. Siempre creí que le daría el toque que le faltaba un árbolito que tuviera su sombra. Un jardín sólo de flores, pues no era un jardín completo. Así que un día fui al vivero y me lo llevé en su maceta. Y ese mismo día lo trasplanté, casi en el centro de mi modesto jardín.
Ya han pasado más de veinte años y ahí sigue, más hermoso que nunca. Desde luego las cosas han cambiado a más no poder desde entonces, pero cada vez que me siento abrumada, trabajo en mi jardín y me tumbo bajo la suave sombra del que ya hace tiempo que considero mi árbol. Y allí tumbada pienso que mi vida ha estado llena de grandes momentos e importantes decisiones, y que todos mis pensamientos han pasado por aquel mismo árbol. Y así me relajo y me doy cuenta de que he vivido bien. Mucho mejor de lo esperado.

domingo, 8 de abril de 2012

Imaginación

Va creciendo. Y sigue creciendo. Y a la vez rueda, cada vez más grande. Como una parodia macabra de una bola de nieve que va colina abajo cada vez más voluminosa. Hasta que estalla. Hasta que explota. Pum. Y entonces, se expande. Hacia todos lados. No hay ni arriba ni abajo ni derecha ni izquierda. Sólo desorden. Y de repente, cuando parece que todo va más rápido de lo posible, cuando ya se ha alcanzado un tamaño inimaginable, más enorme incluso que la capacidad de nuestra mente, silencio. Pausa. Paz. Y todo va a cámara lenta. Una cámara lenta que sin embargo no existe. Porque todo va al mismo ritmo. Pero todo está más lejos, y cada vez más. Todo está tan lejos que ya no se aprecian los cambios. Ya tardan en llegar. Y mientras tanto, esos puntos que se alejan, se hacen más grandes. Se acerca uno lleno de vitalidad. Hasta que nos traga, nos engulle. Y de repente, por el otro lado, aparece como de la nada una masa rosa, todo rosa. Rosa pálido. Rosa chicle. Rosa flor. Todos los rosas. Y sin embargo, todos son uno. De pronto, todo cae. Hacia abajo. Con vértigo, con cosquillas en el estómago. Y ya no es rosa, sino naranja, amarillo, verde, azul, morado y rosa de nuevo. Y así sigue, ruleta interminable de arco iris. Al instante, se vuelve disco. Disco que alguien lanza y se aleja, a toda velocidad, rotando sobre sí mismo. Hasta que se vuelve blanco y salta. Ondas. Cae y vuelve a saltar. Y más ondas a su paso. Hasta que, plaf, desaparece entre el mar de ondas. Y de repente, algo que nos tira del tobillo. Sin remedio, sin solución. Vamos tras el disco de luz. Las ondas nos atraviesan como una cascada. Y acabamos en el cielo. Con un sol deslumbrante al fondo. Y caemos al vacío de espaldas. Un metro escaso en el que nos precipitamos al suelo. Y caemos en la hierba. Hemos vuelto a un día de sol deslumbrante, cielo azul y césped con olor a primavera. El mundo real.

sábado, 7 de abril de 2012

¿Por qué no?

Todo es tan bonito. Llueve y las nubes lo cubren todo, y la lámpara canela está encendida con su luz cálida. Y luego un sillón de orejas crema, como aparecido de la nada junto a la delicada mesa blanca que soporta a la luz. Y unas cortinas vaporosas de visillo claras al fondo, justo delante de los ventanales que son la pared. Y la cama, de matrimonio, con el tamaño exacto, grande pero delicada, con su almohada doble y sus sábanas suaves y la colcha de color caramelo pálido. Y ni un solo cojín. Porque son molestos, porque sólo sirven para retardar deshacer y volver a hacer la cama. Porque a veces consiguen que dos cabezas que deberían soñar juntas, duerman por separado. Y libros, libros por todos lados. Sobre las mesillas de noche de madera teñida de blanco, olvidados y amontonados; en la estantería de la pared de al lado, apretujados; en el suelo formando torreones que acaban en mil cosas inesperadas: una taza de café, unas golosinas en sus coloridos envoltorios, unos pinceles, unos cuadros... Y no sólo cuadros sobre los improvisados rascacielos, sino por toda la pared del cabecero. Y no sólo cuadros, sino que también fotografías. Todas caseras, todas tomadas por manos aficionadas. Y, sin embargo, todas perfectas, todas conmovedoras. Un lugar donde volar sin mojarte con la lluvia. Un lugar donde soñar.

viernes, 6 de abril de 2012

Libertad

Los días pasaban uno tras otro sin pausa, pero con mucha prisa. Cada vez quedaba menos para el gran día, y yo no estaba preparado. No me habían dado tiempo a asimilarlo, no me habían dado tiempo a despedirme de mi antigua vida. Tal vez fuera por eso por lo que huí. Simplemente, me fui. Puede parecer una tontería, ya que me iba de mi casa huyendo de irme de la misma, pero al menos esta vez lo había decidido yo. No tenía a nadie por encima que me lo hubiese ordenado. Por fin me sentía libre...

domingo, 1 de abril de 2012

Recovecos

¿Sabes cuando pasan los días sin que te des cuenta? Son simples días corrientes, que se borran de tu memoria. Nunca existieron, pero, sin embargo, están ahí, en un recoveco de tu memoria. Y créeme, pugnan por salir, por ser recordados. Tal vez porque oculten rostros ya olvidados, quizás por detalles ahora importantes que en su momento te fueron indiferentes. Pero esos momentos perdidos en la inmensidad de tu memoria son pacientes, muy pacientes. Y acabarán consiguiendo ser reconocidos y ojeados y los reconsiderarás y estudiarás con cariño y delicadeza, con cuidado de no dañarlos. Porque es en esos recuerdos que no se tienen en cuenta donde se guarda la verdadera esencia de la vida de cada uno. Donde se relata con detalle en qué nos diferenciamos unos de otros, cómo vivimos, qué hacemos, qué pensamos,... Es en estos trozos de memoria donde se ocultan nuestros verdaderos sentimientos hacia el mundo de pies en tierra, hacia lo corriente, lo mal llamado aburrido del día a día. Así que te reto. Sí, te reto a que des una vuelta por tu mente y selecciones justo aquellas imágenes en las que nunca te habías parado. Tal vez la vista desde tu ventana, quizás cómo te atas los cordones de tus zapatillas, puede que el pasar la hoja de un libro que leíste hace años... No sé, tan sólo explora aquello que es terreno virgen pero que oculta grandes riquezas que esperan salir a la luz... Búscate a ti, búscate en tu mente y encuentra quién eres en realidad y cuáles son tus sueños de verdad, tus anhelos más ocultos e inesperados. Y se luego quien eres realmente.

sábado, 31 de marzo de 2012

Una mañana que revela

Poco a poco tomo conciencia del mundo exterior. Estoy acurrucada entre las sábanas, con el edredón protegiéndome del frío y con mi cabeza sobre una blanda almohada blanca. Poco a poco abro los ojos y me veo rodeada por las cientos de sonrisas que cuelgan en los pósteres de mi cuarto, algunas de ellas famosas en el mundo entero y otras más modestas, sólo valorables a unos pocos. Miro mi reloj-despertador rojo sangre y caigo en la cuenta de que voy a llegar tarde. Así que ni me molesto en salir de la cama. Si voy a llegar tarde e interrumpir a mi "querido" profesor de lengua a mitad de una explicación, prefiero disfrutar un poco más de la seguridad de mi refugio y llegar a la hora siguiente al instituto. Pero por desgracia el hambre apremia y me tengo que levantar a desayunar. Así que salgo de la cama, me pongo las zapatillas, hago una parada en el baño y ataco el frigorífico. Con una manzana en la boca y una rebanada de pan de molde en la tostadora, leo la nota que me ha dejado mi madre sobre la encimera: "Haz la cama y no llegues tarde. Besos, mamá" Y con esta simple nota me doy cuenta de todo lo que significa mi madre para mí. Y con esa simple nota descubro cuánto la quiero y cuán necesaria es para mí.

¡¡¡Empezamos!!!

Esto se me ocurrió porque siempre me ha gustado escribir, pero nunca he tenido un lugar fijo. Mis redacciones andan perdidas en cuadernos olvidados y en hojas sueltas sin dueño, que a saber dónde han ido a parar. Hasta que mi madre se cansó de que fuera dejando mis "obras de arte" (como dice ella, a mí no me lo parecen) por ahí sin preocuparme, y me recomendó que las pasara al ordenador. Pero decidí que no sólo las escribiría para mí, guardadas en una carpeta de mi usuario, si no que prefería compartirlas con todo aquel que quisiera leerlas. Y así llegó la inspiración, y la creación de este blog. Por lo tanto, te animo a que leas con tranquilidad y a que me comentes todo lo que se te ocurra, tanto para criticarme y corregirme las faltas de ortografía (muy a mi pesar, las cometo a montones) como para felicitarme por mi trabajo. Así que... ¡Que empiece el viaje por un mundo de nubes blancas y cielo azul!