viernes, 21 de septiembre de 2012

Coma, coma, coma, punto.

Suelen decir que la vida pasa sin darnos cuenta, que todo es demasiado rápido. Por todos lados se oyen desengaños, ilusiones rotas, sueños sin cumplir... En cada lugar por el que pasamos se van apagando los deseos más anhelados de aquellos que nos rodean sin resaltar y, sin embargo, nada desaparece del todo. Alguien que creyó sobreponerse a sus jóvenes e ilusas esperanzas descubre que éstas no se desvanecieron, sólo fueron arrastradas por la rutina y la vida monótona a la que nos obligamos. Y cuando los días ya no se suceden unos tras otros con prisas y por fin se detienen a enseñarnos algo y a brillar por sí mismos es cuando descubrimos que la vida es corta, pero que no pasa sin darnos cuenta.

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