A veces me pregunto cómo se puede ser feliz. Vivimos en un mundo de injusticias y de pobreza descompensada. No se quiere ayudar, pero se pide a cambio. Todos giramos la cabeza ante los problemas del mundo y pegamos la oreja en las puertas tras las cuales se habla de problemas banales y cotilleos de familias ajenas.
Y sin embargo, podemos ser felices. Se puede. Y no le encuentro el sentido.
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