sábado, 7 de abril de 2012
¿Por qué no?
Todo es tan bonito. Llueve y las nubes lo cubren todo, y la lámpara canela está encendida con su luz cálida. Y luego un sillón de orejas crema, como aparecido de la nada junto a la delicada mesa blanca que soporta a la luz. Y unas cortinas vaporosas de visillo claras al fondo, justo delante de los ventanales que son la pared. Y la cama, de matrimonio, con el tamaño exacto, grande pero delicada, con su almohada doble y sus sábanas suaves y la colcha de color caramelo pálido. Y ni un solo cojín. Porque son molestos, porque sólo sirven para retardar deshacer y volver a hacer la cama. Porque a veces consiguen que dos cabezas que deberían soñar juntas, duerman por separado. Y libros, libros por todos lados. Sobre las mesillas de noche de madera teñida de blanco, olvidados y amontonados; en la estantería de la pared de al lado, apretujados; en el suelo formando torreones que acaban en mil cosas inesperadas: una taza de café, unas golosinas en sus coloridos envoltorios, unos pinceles, unos cuadros... Y no sólo cuadros sobre los improvisados rascacielos, sino por toda la pared del cabecero. Y no sólo cuadros, sino que también fotografías. Todas caseras, todas tomadas por manos aficionadas. Y, sin embargo, todas perfectas, todas conmovedoras. Un lugar donde volar sin mojarte con la lluvia. Un lugar donde soñar.
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