domingo, 8 de abril de 2012

Imaginación

Va creciendo. Y sigue creciendo. Y a la vez rueda, cada vez más grande. Como una parodia macabra de una bola de nieve que va colina abajo cada vez más voluminosa. Hasta que estalla. Hasta que explota. Pum. Y entonces, se expande. Hacia todos lados. No hay ni arriba ni abajo ni derecha ni izquierda. Sólo desorden. Y de repente, cuando parece que todo va más rápido de lo posible, cuando ya se ha alcanzado un tamaño inimaginable, más enorme incluso que la capacidad de nuestra mente, silencio. Pausa. Paz. Y todo va a cámara lenta. Una cámara lenta que sin embargo no existe. Porque todo va al mismo ritmo. Pero todo está más lejos, y cada vez más. Todo está tan lejos que ya no se aprecian los cambios. Ya tardan en llegar. Y mientras tanto, esos puntos que se alejan, se hacen más grandes. Se acerca uno lleno de vitalidad. Hasta que nos traga, nos engulle. Y de repente, por el otro lado, aparece como de la nada una masa rosa, todo rosa. Rosa pálido. Rosa chicle. Rosa flor. Todos los rosas. Y sin embargo, todos son uno. De pronto, todo cae. Hacia abajo. Con vértigo, con cosquillas en el estómago. Y ya no es rosa, sino naranja, amarillo, verde, azul, morado y rosa de nuevo. Y así sigue, ruleta interminable de arco iris. Al instante, se vuelve disco. Disco que alguien lanza y se aleja, a toda velocidad, rotando sobre sí mismo. Hasta que se vuelve blanco y salta. Ondas. Cae y vuelve a saltar. Y más ondas a su paso. Hasta que, plaf, desaparece entre el mar de ondas. Y de repente, algo que nos tira del tobillo. Sin remedio, sin solución. Vamos tras el disco de luz. Las ondas nos atraviesan como una cascada. Y acabamos en el cielo. Con un sol deslumbrante al fondo. Y caemos al vacío de espaldas. Un metro escaso en el que nos precipitamos al suelo. Y caemos en la hierba. Hemos vuelto a un día de sol deslumbrante, cielo azul y césped con olor a primavera. El mundo real.

No hay comentarios:

Publicar un comentario